A petición de Miguel Ángel Moreno… by @librosylanzas

A petición de Miguel Ángel Moreno Guerra estrenamos nueva sección. “Cosas que hacen ¡Pum!”: el arcabuz. El arcabuz -del alemán hakenbüchse- era un arma larga de fuego que tuvo su origen en el rudimentario cañón de mano.

Las primeras noticias que tenemos del arcabuz incorporado a los ejércitos de Europa se remontan al s.XV, concretamente en Hungría, justo tras la caída de Constantinopla (1453), cuando el rey Matías Corvino lo incorporó en gran cantidad a su ejército teniendo la presión del Turco.

Para el s.XVI es un hecho que el arcabuz se ha convertido en un arma común y reglamentaria en todos los ejércitos europeos.

El uso que el Gran Capitán hizo del arcabuz en la batalla de Ceriñola (1503) demostró que aún estando en clara inferioridad numérica, este arma era un antídoto formidable contra las cargas de caballería.

Así y en combinación con el uso de picas, el arcabuz cambió la forma de hacer la guerra en Europa, como quedó claro en las batallas de Bicoca (1522) y Pavía (1525), en las cuales los arcabuces españoles barrieron del campo de batalla a suizos y franceses ataviados con armaduras.

Desde entonces y hasta el s.XX la infantería pasa a ser el centro y la clave de las batallas. El arcabuz constaba de un cañón de hierro de 1 m de largo y un calibre de entre 15-20 mm, montado sobre un madero de metro y medio de largo.

En su conjunto podía pesar entre 4-5 kg. Respecto al mecanismo de disparo, el más común fue la llave de mecha y el pedernal. La munición empleada era pólvora y una bala de plomo redonda de unos 10g -hecha por los mismos soldados-, que se introducía por el cañón.

El arcabucero podía llevar dos recipientes para guardar por separado ambas municiones o unos frasquitos que contenían la cantidad exacta de pólvora y su respectiva bala, los conocidos “doce apóstoles”.

Los tercios solían emplear un calibre uniformado para que pudieran intercambiar munición entre compañeros.

La letalidad del arcabuz no solía superar los 50 m y se prefería disparar a menos de 25 m del enemigo, por la mala precisión de este arma, pero la evolución del arcabuz dio más alcance efectivo (a finales del s.XVII unos 200 m).

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